Eso fue lo que pensó Beau Thompson, el creador del primer condón con aplicador, después de una noche de fiesta. “Quise ponerme el preservativo pero no veía nada. Traté de abrir un poco la ventana para aprovechar la luz de la calle pero no se veía bien. No sé si era por el alcohol que tomé o por la falta de luz. Fue entonces cuando empecé a darle vueltas a la idea”, explica en declaraciones reflejadas por Onda Cero.
Thompson responsabiliza del éxito de su invento a sus conocimientos en arquitectura, aunque, sin ánimo de ofenderle, el invento tampoco es el paradigma de la ingeniería. Como todas las buenas ideas de este mundo, se basa en la sencillez. Una sencillez que ya han agradecido centenares de usuarios, aunque la cifra no ha superado aún los dos millones de ventas. En cuanto a los ingresos, va camino del millón y medio de euros. Una cifra que despierta optimismo en Thompson puesto que
Por el momento los preservativos de fácil aplicación sólo se venden en Estados Unidos y en algunas páginas de internet como Amazon o DrugStore. Se comercializan bajo el nombre de Sensis Condoms, una compañía con sede en Georgia y creada por el mismo Thompson junto a un grupo de socios. Se fabrican con un látex especial procedente de Malasia.
O las imágenes engañan, o parece una buena idea que, además, salvará de más de un susto a los más inconscientes, que ya no podrán poner la pereza como excusa. Ponerse un condón es más fácil si cabe gracias a este invento. Y aunque por ahora nos queda lejos, seguro que algún día vemos al Thompson paseándose con su tubo azul de las demostraciones por España y preparado para abrirse caminos en el mercado europeo. Todo llegará.
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